Amarillos y Ocres

Caíste
golpeando
el suelo
pero nada pasó,
la hierba
siguió temblando, el viejo
castaño susurró como las bocas
de toda una arboleda,
cayó una hoja del otoño rojo,
firme siguieron trabajando
las horas en la tierra.

Porque eres
sólo
una semilla,
castaño, 
otoño, tierra,
agua, altura, silencio
prepararon el germen,
la harinosa 
espesura,
los párpados maternos
que abrirán, enterrados,
de nuevo hacia la altura
la magnitud sencilla
de un follaje,
la oscura trama húmeda
de unas nuevas raíces,
las antiguas y nuevas dimensiones
de otro castaño en la tierra.

Parte del poema Oda a una castaña en el suelo de Pablo Neruda

Puebla de Sanabria.

Noviembre 2012

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